03 — Escritura

Relatos y guiones de ficción.

La trayectoria profesional de Alexander Harriss Mabry Paraiso se desarrolla dentro del ámbito de la creación de relatos, el storytelling y la construcción de universos narrativos aplicados a diferentes formatos y disciplinas.

En los últimos años ha desarrollado relatos improvisados que transitan de manera orgánica entre la comedia, el absurdo, el surrealismo, el drama y la tragedia, explorando nuevas formas de narrar y construir significado desde la intuición y la emoción.

Relato2025

Quién dijo miedo

Publicado en Substack — Lágrimas en la lluvia. Un refugio infantil bajo las sábanas mientras la casa se desmorona al otro lado de la puerta.

Estoy metido en mi cama. Tapado hasta las orejas. Acostado mirando hacia la pared, pero estoy sumergido en mi cama. Estoy en una cueva, que nadie puede encontrar. Oigo gritos lejanos que me sobresaltan, pero estoy seguro. Aquí estoy seguro. Un escalofrío producido por la excitación me relaja. Es raro, lo sé, pero es así. Los tacones en el parqué vienen y van entre pasos acelerados y nerviosos. Hacen mucho ruido. Vuelven de nuevo. Muy cerca de mi puerta. Me hago un ovillo y me recorre otro escalofrío. Los pasos se detienen en mi puerta. De un momento a otro voy a oír el crujido de la cerradura al doblar de manera violenta la manilla. Sin contemplaciones. Para que se note quién manda. Lo odio. Me aterroriza. Aprieto los dientes y me meto los dedos en los oídos para no escuchar lo que se viene. Aprieto fuerte. La puerta se ha abierto. Oigo la voz de mi madre amenazante, aunque no entiendo lo que dice. Aprieto más fuerte mis dedos dentro de mis orejas. Hace mucho calor dentro de la cueva en la que estoy a salvo. O ya no. Casi no puedo respirar. Aguanto un poco más. Mi madre me dedica algún calificativo que no quiero escuchar. —¿Me has oído?, grita. ¿Eh?! ¿Me HAS OIDO?! ¡CONTESTA! —¡Sí!, contesto desde debajo de la sábana, manta y edredón. —¡No se te entiende! añade fuera de sí. ¡¡Estoy esperando!! No tengo más remedio que salir. Pero no quiero ver su cara. No quiero que la expresión de su rostro y sus gestos me suman en el terror que me crea. Así que cierro los ojos, con la mirada hacia la pared y digo más alto. —Sí. Aguanto con la cabeza fuera de mi refugio sin moverme. Quieto esperando la siguiente reacción. Con la esperanza de que la necesidad de evadirse sea más fuerte que la de seguir increpándome. El silencio se hace eterno. Resopla. —Me tenéis harta, ¡HARTA! ¡No puedo más! ¿Me oyes? Un nuevo silencio que dura unos segundos se hace insoportable. —¡Aquí os quedáis! ¡Cenad lo que os dé la gana!, dice con cierto desprecio. Apaga la luz de un manotazo al interruptor y me cierra la puerta de un portazo. Sus pasos acelerados se vuelven a oír alejarse hasta la puerta de casa. Se abre y un portazo todavía más fuerte anuncia que se ha ido. Pero puedo escuchar sus tacones en el rellano del ascensor. Hasta que no llegue y se suba no ha acabado. A veces vuelve con más reproches entre gritos y lloros que reparte por toda la casa. Oigo la puerta del ascensor, sus pasos al entrar. La puerta se cierra. Ya está. Tengo 12 años creo, puede que menos. Mi madre se ha ido al bingo. Al Chal Chal. Así se llama. Respiro aliviado, aunque tengo ganas de llorar. Vivo en un mundo que se desmorona casi cada día. O es el fin del mundo. Estoy solo. Mis hermanas también. Salen de su cuarto despacio, sin hacer mucho ruido, por si acaso. Yo me quito la ropa de cama de encima. Respiro el aire fresco de la habitación. Ya ha pasado todo. Hasta mañana.
Guion

Una patada a tiempo

Cortometraje. Un padre intenta entender por qué su hijo ha sido expulsado del colegio. Una historia familiar que viaja al Madrid de 1940.

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INT. PASILLO COLEGIO — DÍA JOHN (10) espera sentado sobre un banco de madera de un colegio americano, con la cabeza agachada y gesto preocupado. Balancea las piernas que no le llegan al suelo para combatir el nerviosismo cuando el abrir de una puerta y una conversación llaman su atención. En frente de John, la puerta de la oficina del Director, el SEÑOR LAWRENCE (50), se abre y éste junto a PETER (34) salen mientras continúan la conversación que mantenían dentro… PETER …Créame que le comprendo, y John y yo tendremos una conversación muy seria en casa, pero le pido que reconsidere… LAWRENCE No, lo siento. Su hijo está expulsado. Y ya veremos por cuánto tiempo. Hay un pobre chico que podría quedar… (busca la palabra) lisiado, de por vida. INT. COCHE — DÍA Peter conduce en silencio, aunque repasa con los labios la conversación que acaba de tener con el director. Mientras, John, callado, mira por la ventana resignado por la que se le viene encima. PETER ¡Lisiado! Por el amor de Dios. ¿Se puede saber qué demonios te pasa? JOHN El abuelo nunca fue a la escuela. PETER (furioso) ¿Ha sido esto otra gran idea de tu abuelo? John vuelve a mirar por la ventana en silencio. PETER (CONT) El abuelo sigue viviendo en el pasado. Pero esto no es España y desde luego no vivimos en 1940. No hay excusa. JOHN Él tuvo que escapar y cruzar el océano. Y tenía mi edad cuando llegó aquí. PETER ¿Eso es todo lo que te ha contado tu abuelo? Quieres conocer toda la historia… Peter sigue hablando mientras John observa desde la ventanilla el bullir de un mercadillo. La voz de Peter se va diluyendo entre los sonidos de la gente del mercadillo, que cada vez se escuchan más alto. Poco a poco los puestos y la calle se van transformando en… EXT. CALLES DE MADRID, 1940 — DÍA El suelo de las calles es de tierra. Al levantar la vista encontramos un mercadillo ambulante madrileño de la posguerra. Puestos de fruta y verdura, uno de pollos vivos. Una mujer vendiendo flores se cruza en nuestro camino. PETER (O.S.) No hacía un año que había terminado la guerra civil. La gente pasaba hambre y a tu abuelo nunca le ha sentado muy bien no tener qué comer. Un cigarrillo cae al suelo. Un pie lo pisa para apagarlo. El HOMBRE que se lo estaba fumando se arregla la gorra y se va, dejando a la vista un cartel: "PLAZA DE LAS VENTAS. PRIMERA CORRIDA DE SAN ISIDRO. ASISTIRÁ NUESTRO CAUDILLO." La mano de JUAN (10) coge el cigarrillo del suelo y se lo lleva a la boca. Mientras aviva la llama soplando ligeramente vemos su cara. Juan sonríe, le da unas caladas, se arregla la gorra y se interna en el tráfico de gente con gesto de tipo duro. Se aproxima a un puesto de fruta. El TENDERO se fija en Juan y no le quita ojo. Hasta que una CLIENTA aparece en el otro extremo. CLIENTA Cuatro melocotones, por favor. Juan comienza a extender el brazo hacia una manzana cuando un olor llega a su nariz. JUAN (para sí) ¡Algodón de azúcar! EXT. PARQUE DEL RETIRO — DÍA El parque está lleno de gente paseando. La música de un organillo nos lleva hasta el lugar desde donde Juan otea los puestos de algodón de azúcar mientras apura una manzana. Alguien toca el hombro de Juan. Son PEDRO (10) y su hermano TOMÁS (8), con cara de hambrientos. JUAN ¿Se puede saber qué queréis? PEDRO ¿Tienes algo para comer? TOMÁS ¿De dónde has sacado esa manzana? Juan le da un último vistazo al corazón de la manzana antes de tirarlo hacia atrás. Cae sobre la cabeza de un HOMBRE que duerme la borrachera bajo un árbol, tapado con una pequeña manta roja. JUAN ¿Qué manzana? TOMÁS ¿Sabes lo que les pasa a los ladrones? Díselo, Pedro. (no se puede contener) Te acusan de rojo y te cortan las pelotas, ¿verdad, Pedro? Juan les manda callar con un gesto. Un par de GUARDIAS CIVILES pasa por su lado. JUAN No hagáis caso de tantas tonterías. Vosotros tenéis hambre, ¿no? ¿Y cómo lo pensáis arreglar? TOMÁS Pedro va a ser torero. Le pagarán mucho dinero y comeremos todo lo que queramos. JUAN Ya. Pues mientras te haces torero, yo me voy a por un poco de algodón de azúcar. (vuelve) Está bien, esperadme en la entrada del parque. Una mano rápida le arrebata la manta roja al borracho. Juan se mueve entre los puestos. Su mano coge un palo con algodón de azúcar, dos, hasta tres. Luego barquillos, una manzana caramelizada… Hasta que tira más fuerte de algo que se resiste: está agarrado a la porra de uno de los Guardias Civiles. Juan suelta la porra y sale corriendo. EXT. PUERTA DEL RETIRO — DÍA Pedro y Tomás esperan apoyados en el arco. Juan llega corriendo con un atillo rojo a rebosar. JUAN ¡Corred! Los Guardias Civiles aparecen detrás. EXT. CALLE ESTRECHA — DÍA Juan se mueve con soltura entre la multitud. A su lado pasa la hermosa VENDEDORA DE FLORES. VENDEDORA ¿Estás perdido, hijo? JUAN (forzando una lágrima) No encuentro a mis padres. La Vendedora le coge de la mano. Al caminar pasan junto al borracho, ahora con la cabeza tapada por una boina negra. Una mano rápida deja la calva al descubierto. Los Guardias se detienen a admirar las curvas de la mujer hasta que reconocen el atillo rojo. GUARDIA CIVIL ¡Eh, tú, alto! Juan corre hasta la calle Alcalá. Se mete de un salto en uno de los canastos de un BURRO, tapándose con una manta. GUARDIA CIVIL 1 ¿Qué hora es? GUARDIA CIVIL 2 Casi las 5. Ya deberíamos estar en la plaza. El mismísimo Caudillo va a estar allí. EXT. PLAZA DE LAS VENTAS — DÍA En el abrevadero, el dueño del burro deja beber al animal. Las piernas de Juan asoman por debajo, alcanzan el suelo, se desliza. Pero una manzana se cae del atillo y rueda hasta el dueño. DUEÑO DEL BURRO ¡Eh, chico! ¡El del atillo rojo! JUAN ¡Désela al burro! Al darse la vuelta se topa con los dos Guardias Civiles. Juan corre y entra sin querer en la plaza por la entrada de caballos. Salta un muro y… INT. ALBERO DE LA PLAZA DE LAS VENTAS — DÍA Al caer en la arena, el atillo se deshace y le deja con la manta roja desplegada en la mano. La gente enloquece. Juan ve al TORO rascando el suelo con la pezuña. En el balcón presidencial, FRANCO, con gafas de sol, muestra su descontento. El toro embiste. Juan esquiva al animal casi de milagro. La gente le abuchea. El toro embiste de nuevo. Juan se prepara. Ejecuta un pase. Otro de pecho. La gente grita un gran ¡OLÉ! Al natural. ¡OLÉ! De rodillas. ¡OLÉ! Una verónica. ¡OLÉ! Juan saluda al respetable. Llueven flores. La gente pide el indulto del toro con pañuelo blanco. FRANCO No entiendo a esta gente. Vienen a ver matar al toro y ahora quieren que lo salve. Pues indultarlo, qué voy a hacer. Pero traedme al crío. Una multitud baja a la arena y saca a Juan a hombros, evitando que los Guardias Civiles le atrapen. INT. OFICINA DE FRANCO — DÍA FRANCO Me caes bien. Pero detesto a los ladrones. JUAN No sé quién le ha podido decir eso, pero le juro… FRANCO No jures, hijo. Tus amigos nos han dicho todo. Entran Pedro y Tomás, sujetos por la oreja, llorando. JUAN Ellos no tienen la culpa. Yo robé las manzanas y el algodón de azúcar. Ellos no han hecho nada. FRANCO Me caes bien. Por eso te voy a dejar ir por esta vez, pero quiero que recuerdes este día. Juan va hacia la puerta. Se da la vuelta. JUAN ¿Y ellos? Ya le he dicho que no han hecho nada. FRANCO Hijo, no me hagas cambiar de opinión. Juan se vuelve a detener en la puerta. En contra de su instinto, se da la vuelta. JUAN Lo siento, pero no puedo dejar que les corte las pelotas. FRANCO (sin entender nada) ¿Qué? Como un rayo, Juan se planta frente a Franco y le pega una patada en los huevos que lo levanta dos palmos del suelo. EXT. COCHE — PRESENTE JOHN No entiendo nada. ¿Entonces lo que hice está mal o no? JUAN (84), con una gran sonrisa, abre la puerta del coche del lado de John. PETER (desde el coche) Lo que has hecho está mal, claro que está mal. JUAN (a John) ¿Se puede saber qué has hecho? JOHN Le pegué una patada a Timmy O'Brian en las pelotas. PETER Han dicho que no podrá volver a la escuela en una semana. JOHN (a Juan) ¿De verdad le pegaste una patada en las pelotas a un dictador? ¿Le hiciste mucho daño? JUAN Bueno, creo que no tuvo más hijos después de aquello. Y la voz le cambió un poco. A LA VEZ QUE VEMOS LOS CRÉDITOS APARECE UN VIDEO DE FRANCO DANDO UN DISCURSO EN LOS AÑOS 70, CON SU PARTICULAR VOZ. FIN.
Guion

Recursos humanos

Cortometraje. La eficacia llevada al absurdo: una oficina donde los becarios sostienen, literalmente, todo el mobiliario.

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INT. OFICINA DE EVA — DÍA EVA habla por teléfono mientras ANA, su asistente, entra y sale con papeles, cafés y avisos. EVA (al teléfono) Hoy es el cumpleaños de mi hijo. Tengo un regalo muy especial para él. Hablando de regalos, el tuyo está colgado en mi nuevo despacho. Precioso. ANA Los becarios ya están aquí. EVA Que pasen. ANA entra con TRES JÓVENES, cariacontecidos, en línea junto a la puerta. EVA Esta va a ser vuestra casa los próximos tres meses. Quiero que saquéis el mayor provecho a vuestro paso por esta empresa. Aquí no os vamos a tratar como becarios. Trabajaréis como cualquier otro que lleve veinte años. (a Ana) Desde ahora mismo. Ana, ocúpate de ellos. (a los becarios) Bienvenidos de nuevo. Suena el móvil de Eva. EVA No me digas que te he vuelto a dejar colgada. Menuda cabeza tengo. Pero es que tengo tantas cosas pendientes… Mientras Eva habla por teléfono, ANA cruza la oficina con BECARIO 1. ANA Tú te ocuparás de los archivos. Después, con BECARIO 2: ANA Tú… que tienes pinta de lumbreras… Ya sé. Con BECARIO 3, pensativa. ANA Ven conmigo. FUNDIDO A NEGRO. DOS HORAS DESPUÉS. ABRE DE NEGRO. ANA (off) El paquete, señora. ANA da el último empujón a una CAJA DE CARTÓN del tamaño de un frigorífico. EVA No te quedes ahí parada, ábrelo. ANA abre la caja. Dentro está TOÑO, delgado y con el torso desnudo. La sonrisa de Eva se convierte en cara de asco. EVA Pero ¿esto qué es? No es lo que pedí. (a Toño) ¿Cuánto pesas? TOÑO Sesenta kilos. Kilo arriba, kilo abajo. EVA (a Ana) Con esto Jorgito no tiene ni para empezar. Eva le pega un puñetazo en la tripa a Toño, que cae doblado al suelo. EVA (a Ana) Yo pedí un "punching bag". Quiero que mi hijo aprenda a darle golpes a la vida. Sólo así se triunfa, como su madre. Por lo menos tiene que pesar 100 kilos. Gordito. Anda, devuelve esto y recuerda: gordito, ¿eh? Ana asiente mientras retira al maltrecho Toño. Suena el móvil. EVA ¡Qué sorpresa! No te lo vas a creer. Me habían enviado a un alfeñique. Lo he devuelto, claro… Mientras Eva habla, descubrimos que su asiento lo forman DOS PERSONAS. OTRA sostiene el ordenador. Una CUARTA decora la pared con su cara dentro de un marco. Una QUINTA hace las veces de perchero con los brazos en forma de "U". BECARIO 1 soporta varias carpetas entre sus brazos. BECARIO 2 porta una lámpara. BECARIO 3 es el escabel sobre el que Eva apoya los pies. Eva echa un vistazo al mobiliario. EVA Me gusta esta oficina. FIN.
Guion

Virtual Loved Ones

Cortometraje. Un padre y sus hijos visitan el cementerio el día de Todos los Santos. La tecnología permite, una vez al año, dos minutos de conversación con quien ya no está.

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EXT. PARQUE — DÍA Una mano sostiene un móvil. Aparece "JESSICA". Un dedo pulsa sobre el nombre. En la pantalla aparece JESSICA, 30s, guapa y radiante. JESSICA Greg, cariño. Te he estado esperando. ¿Cuánto ha pasado desde la última vez? GREG (O.S.) Un año. Te he echado de menos. JESSICA Y yo a ti. Pero no nos pongamos sentimentales. Cuéntame. Tendrás muchas cosas que contarme. GREG (O.S.) He pintado el porche. Lo he pintado de tu color favorito. JESSICA ¿Blanco? GREG (O.S.) Por supuesto. También he terminado la caseta del jardín. Bueno, para ser sinceros ha trabajado más tu hijo que yo. A mí cada día me duele más… el cuerpo entero. (pausa) Sabes, estás preciosa. JESSICA ¡Oh! No digas eso. Estoy casada, sabe. (guiña un ojo) Tú estás igual que el día que nos conocimos. GREG (O.S.) Sigo fascinado por ti. Ah, la gran noticia: vas a ser abuela por segunda vez. Qué digo, por tercera vez. Se me olvida que Jen tiene una niña preciosa. Quiero decir que Tommy va a ser padre por segunda vez. Es otro niño. JESSICA ¡Qué alegría! Cada vez somos una familia más grande. ¿Cuándo lo podré conocer? GREG (O.S.) El año que viene esperamos estar todos aquí de nuevo, incluido tu nuevo nieto. JESSICA Estoy impaciente. Un BIP. En la pantalla: "QUEDAN 10 SEGUNDOS". GREG (O.S.) Cariño, ya casi no queda tiempo. Te quiero. Y te echo mucho de menos. Todos los días pienso en ti, y tus hijos también. Adiós, amor mío. JESSICA Yo también te quiero. No te pongas triste. Al año que viene volveremos a vernos. Diles a los niños que les quiero. En la pantalla: "FIN CONVERSACIÓN VIRTUAL". Vemos una aplicación: "VIRTUAL LOVED ONES". Ahora vemos a GREG, 70s, pelo canoso, cara arrugada. Un par de lágrimas le surcan el rostro. Se las enjuga y se dirige hacia sus hijos. Ante nosotros, un cementerio. Un día radiante. TOMMY, 40s, sostiene a su HIJO, 5, en brazos con su MUJER al lado. Los tres se despiden de Jessica. En la pantalla de su móvil se lee el mismo mensaje. TOMMY Siempre que venimos a ver a mamá sale un día espléndido. GREG Tu madre hacía salir el sol cada día. Ahora, al menos, lo hace salir una vez al año. JEN, 35, lleva a MARIE, 3, de la mano. JEN Marie por fin ha conocido a su abuela. Greg agacha la cabeza con gesto triste. JEN Sabes que puedes ampliar el tiempo, no tienen por qué ser sólo dos minutos. No lo entiendo, papá. ¿Por qué no hablas con ella más a menudo? ¿Y no sólo en el día de Todos los Santos? GREG Gracias a esto puedo verla y escuchar su voz de nuevo una vez al año. No quiero olvidarla, pero tampoco puedo hacer que vuelva. Es mejor así. Jen asiente comprendiendo. Tommy apoya su mano en el hombro de su padre. TOMMY Vamos a comer. FIN.
Guion

Museo

Cortometraje. Belchite. Un anciano visita obsesivamente el nuevo museo histórico hasta descubrir lo que de verdad le ata al puesto número tres.

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EXT. TAQUILLA MUSEO — DÍA ABUELO (80s) y NIETA (30s) llegan hasta la ventanilla del NUEVO MUSEO HISTÓRICO DE BELCHITE. El Abuelo está visiblemente nervioso. ABUELO Dos entradas. La Nieta se adelanta para pagar. NIETA ¿Cuánto es? TRABAJADOR UNO Diez euros. El Abuelo le impide pagar a la Nieta y deja un billete en el mostrador. El Trabajador les entrega DOS GAFAS. ABUELO ¿Y esto para qué es? NIETA Son para el museo. TRABAJADOR UNO Debe llevarlas en todo momento si quiere ver y escuchar los comentarios. EXT. MUSEO DE BELCHITE — DÍA Abuelo y Nieta pasean por las ruinas hasta llegar a un punto marcado con un TRES. Los dos llevan las gafas puestas. Un HOMBRE (25) vestido de época años 30 les da la bienvenida. HOMBRE ¿Cómo están? Mi nombre es Feliciano Paraíso de Andériz. Soy de Belchite y… Al escuchar el nombre, el Abuelo se sobrecoge. La Nieta le anima con una sonrisa. HOMBRE …Nací en 1909. Era el manitas del pueblo, sobre todo máquinas y demás artilugios eléctricos… El Hombre continúa narrando su vivencia durante la Guerra Civil, aunque casi no le escuchamos. EXT. SALIDA DEL MUSEO — DÍA Abuelo y Nieta atraviesan el umbral mientras se quitan las gafas. Primer plano del Abuelo. Una lágrima le cae por la cara. HOMBRE DOS Javier, me ha dicho Carmen que te pases cuando puedas, que le pasa algo con el contador de la luz. ABUELO (con resignación) Luego me paso. EN UNA SERIE DE ESCENAS Es otro día. El Abuelo llega a la ventanilla, paga y entra. Otro día. Se pasa las horas parado en el puesto tres. Con un paneo, descubrimos que lleva otra ropa: estamos en otro día más. EXT. TAQUILLA — DÍA ABUELO Disculpe, ¿mañana sábado qué horario tienen? TRABAJADOR UNO Mañana abrimos de once a dos. TRABAJADOR DOS (fuera de plano) ¡El número cinco está dando problemas! TRABAJADOR UNO ¡Lo reseteo! Al Abuelo le llama la atención y se espera para ver qué hace. Desde la ventanilla divisa una especie de CONSOLA con varios CARTUCHOS NUMERADOS. El Trabajador desenchufa y vuelve a enchufar el 5. TRABAJADOR UNO (intrigado) ¿Usted participó en todo esto? Como le veo todos los días, supongo que le trae recuerdos. ABUELO No, faltaban unos meses para que naciera. TRABAJADOR UNO (decepcionado) Se lo perdió por poco. En fin. CORTAMOS AL DÍA SIGUIENTE. EXT. ENTRADA — DÍA El Abuelo saca un billete con demasiado ímpetu. Se desliza por la ventanilla. Al Trabajador se le escapa de las manos, se le cae, y mientras se agacha a cogerlo deja UNAS LLAVES en el mostrador. El Abuelo entra. El Trabajador, después, busca las llaves sin éxito. INT. GARITA DEL MUSEO — TARDE / NOCHE El Abuelo entra con una linterna. Reconocemos las llaves en su bolsillo. Se acerca a la consola y se dispone a desmantelarla. Unos minutos más tarde termina de meterla en una BOLSA DE DEPORTE. Entra el HOMBRE DOS, vestido de VIGILANTE. VIGILANTE ¿Qué hace usted aquí? (le reconoce) ¡Coño, Feliciano! No me digas que también te han llamado para que arregles esto. ABUELO Pues eso parece… Bueno, yo ya he terminado. EXT. CALLE DE BELCHITE — NOCHE El Abuelo camina algo nervioso con la bolsa. INT. SALÓN DE CASA DEL ABUELO — DÍA El Abuelo termina de conectar la consola y enchufa el cartucho número 3. Por la ventana se escucha: "Esta noche han robado en el museo nuevo, ¿te lo puedes creer?" Se pone las gafas con manos temblorosas, visiblemente emocionado. El Hombre del puesto número tres aparece frente a él. Unos segundos de silencio. El Abuelo solloza… ABUELO ¡Papá! FIN.